Cuando se había construido su casa a pie de carretera, todavía no floreciera aquel lugar de alterne, de ahí que a veces solían ocurrir ciertos detalles curiosos que bien podrían estar asociados a ciertos hábitos de ordinariez. Pero tampoco podrían atribuírsele todo ni se obsesionaba por ello. Así que cuando aquella tarde se para aquel coche negro a escasos metros de su puerta y se baja de este un señor con cierta elegancia muy trajeado el, e se pone sin más recato haciendo aguas menores mirando a la fachada, al estar tan cerca de tal presencia, no tiene por menos que darle cierto corte ante el susodicho, el cual sigue a lo suyo sin inmutarse en absoluto hasta concluir tal descaro.
No le daría la mayor importancia sin olvidar el detalle, si no fuera que al día siguiente aproximadamente a la misma hora, aquel coche negro tan elegante se sitúa de nuevo en el mismo lugar para repetir la jugada del día anterior, saca su manguerita y evacua de nuevo sin más recatos, a lo que al verle en tal insistencia, y tan cerca del susodicho en señal de desacuerdo, mueve su cabeza. A lo que reacciona recogiéndose todo aquello y se va, pero a los pocos instantes lo ve de nuevo situado justo en frete para rematar su propósito de orinar al fresco de la tarde al lado de su auto mirando de cara a su propiedad. Cuando acaba se sube a su reluciente automóvil y se va tan fresco. Aquello se saca de sus casillas y le predestina para tomar medidas sobre lo que le estaba sucediendo. Pero como no estaba nada de acuerdo con aquella desacertada actitud por parte de aquel extraño, no tiene por menos que tomar medidas para poder enfrentarse a tal insistencia en querer marcar lo suyo como tal territorio perruno. Así que se organiza en la ardua tarea de enganchar dos mangueras entre sí con sumo cuidado para no levantar sospechas ante aquel intruso, la coloca estratégicamente al regador bajo la hojarasca del otoño, y la conecta al grifo de gran presión, de manera que a la tarde siguiente le espera una sorpresita al señor elegante del coche negro, quien como de manera decidida, baja de su flamante habitáculo móvil, saca su manguera y se pone a lo ya acostumbrado. Aquello le indigna un montón, pero tiene la medicina justa con la dosis adecuada para hacerle desistir en tal empeño de ordinariez, de tal manera que cuando estaba ya relajado en lo suyo, abre la manguera de presión dejándole completamente empapado de arriba abajo. En este momento no tiene más remedio que batirse en retirada y desistir en tal osadía de querer ocupar un territorio que no le pertenece, comprobando de inmediato de que ella no estaba sola, sino que le acompañaba su astucia, esa gran aliada que en varias ocasiones nos saca de muchos apuros y que nos ayuda a ganar ciertas batallas en la vida.
Ese Gato
Aquella tarde me había llegado con la pata arrastrando de haberse peleado en sus días de ausencia para estar de gatas. Se acercaba lastimoso con su dolencia a lo que le dije ¡a joderse! ¡No haberte ido! Después de tantos días fuera me bienes con estas monsergas. Como era evidente el animal no le contesta. No tiene más remedio que consultar con la veterinaria para arreglarle aquel des alisado. Esta le aconseja que debería hacerle la vasectomía, de este modo le sacaría el vicio de andar de picos pardos al tiempo que regulas la fogosidad del animal.
Y se la has hecho – la pregunta el
Claro
Pobre animal, ahora tendrá una depresión de huevos al dejarlo sin ellos, que barbaridad.
¡Serás bestia! que no lo hemos castrado.
Para el caso viene a ser lo mismo. Es que cuando se encuentre con una gata no podrá cumplir. Para mí que la susodicha veterinaria tiene una obsesión con los machitos. Pobre gato, le has arruinado la vida.
Tu bien hablas, pero siempre se estaba peleando con el del vecino.
¿Y ahora ya no se pelea?
Pues no.
Claro, es que ahora ya no tiene lo que tenía antes, huevos
Y dale, es que no acabas de entenderlo, que no le hemos extirpado los testículos, además yo lo quiero para que me controle los ratones y no para que se vaya de gatas.
Bien, pero podría perfectamente hacer esas dos funciones.
Hay que ver lo que se está saliendo esto del contesto, jamás me lo hubiera imaginado.
A que si, pero yo sigo insistiendo que deberías haberle preguntado antes ¿ no dices que hablas con él?
Si pero jamás me contesta, el no habla conmigo.
Por que lo tienes enfadado. Tú ponte en el caso.
Es que yo no soy un gato, en tal caso sería gata.
Peor me lo pones. Ponte en el caso que conoces a un apuesto gato, que te enloquece y te arrastra al estasis y a la hora de cumplir no das la talla por que alguien en la niñez te ha hecho una ablación.
Es que no puedo creérmelo, que todo esto pueda dar para tanto. ¿Me vas a hacer sentir culpable, tan solo por autorizar practicarle esa operación a mi gato?
Algo así.
Pues chico, que te den, anda y déjame tranquila.
